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De Rentería y De las Casas: referente en la defensa de los derechos e intereses de los indígenas
José María Nogales Herrera
Redactor
José María Nogales Herrera
Mapa de Centro-América | Montanchez.org
Montánchez · 3 de Abril, 2021
8 minutos
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Acercarse a la empresa de las Indias no es tarea fácil; da igual, se haga desde el prisma del momento mismo de los hechos, o nos aproximemos a ello desde un enfoque más propio del siglo XXI en el que nos encontramos. Tampoco resulta fácil, lo hagamos desde uno u otro lado del océano.

Hubo descubrimiento, aunque antes los balleneros vascos hubieran llegado hasta Terranova. Se produjo conquista, pues ese era el espíritu de los reinos peninsulares que estaban consiguiendo la unidad cultural entre sus propios. No me cabe duda de que también se dio la colon/ización: es más, ahí se inventó el término, derivado del propio nombre del almirante Colón.

De igual modo se produjo adoctrinamiento político, tanto como evangelización religiosa y culturización idiomática. Resultado de todo ello es, con sus luces y sus sombras, que de todo hay, la actual comunidad ibero o latinoamericana.

Lo cierto es que frecuentemente el brillante bruñido de las armaduras castellanas, al llegar al Nuevo Mundo se trocó en herrumbre y óxido. No siempre esto ocurrió por efecto de la intemperie en el altiplano andino, en la selva amazónica o en el tórrido Caribe.

La Historia es un proceso social y colectivo; así nos lo enseñó el materialismo histórico, pero en ese proceso, no faltaron sin duda notables personalidades singulares. Ese es el caso que me ocupa, y del que tan sólo pretendo hacer un mínimo esbozo para compartir con quien me lea.

Pedro de Rentería, según la información que de él nos da el Gran Diccionario Espasa-Calpe, se trata de «militar español, nació en Montánchez (1480-1550). Marchó a América cuando el segundo viaje de Colón, a las órdenes de Diego de Velázquez, y tomó parte en la conquista de Cuba y Santo Domingo, contribuyendo a la fundación de las colonias de San Salvador y de la Habana. Como lugarteniente de Velázquez, se encontró en las campañas de Yucatán y en la conquista de Méjico, y asistió, en fin, a gran número de acciones, distinguiéndose en todas por su pericia y valor».

Todo lo dicho en esa reseña es o puede ser cierto; sobre todo, responde al patrón que podemos esperar de un conquistador al uso, de uno de los pioneros de América y así nos lo parece.

Con muchas leyes, en ese momento, era común decir: Se acata, pero no se cumple. Era uno de los efectos que tenía la gran distancia entre la corte y las colonias.

También son ciertas otras cosas notables en su biografía que ahí se silencian, sobre todo el hecho de haber sido Alcalde en las ciudades de La Habana y de Santiago de Cuba. Todo ello se nos presenta simplemente como propio de un héroe, de uno de esos dioses que antaño nacían en Extremadura, al decir exagerado de Muñoz de San Pedro.

Sobre sus hechos de armas mucho cabe decir, y sería interesante, tras este apunte, ampliar la investigación. Se trata de un personaje poco conocido en la historiografía americanista, aunque entre sus biógrafos se encuentra gente de tal calidad como el mismísimo padre Bartolomé de las Casas. Él nos da de Rentería importante información, especialmente fiable, por cuanto ambos se conocieron personalmente.

Por los escritos de De las Casas sabemos que era Pedro de Rentería «hijo de un vizcaíno de la provincia de Guipúzcoa, hombre virtuosísimo, y de una dueña que debía ser labradora, de la villa de Montánches, Extremadura. Había sido criado (o, a lo menos) había seguido la doctrina del santo primer arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, de la orden de san Jerónimo».

El propio De las Casas describe a Rentería como «…un hombre virtuoso y cristiano, prudente, caritativo, devoto, humilde y casto, latino y escribano en Cuba».

Otras informaciones no contrastadas dicen que finalmente, como también lo hiciera De las Casas, tomó el hábito de dominico.

En América, por aquella época, se instituyó el régimen de la encomienda, palabra ya conocida por quienes habían vivido en Castilla y especialmente en tierras de las órdenes militares de caballería, como la de Santiago. Consistía en que al español llegado a Indias se le encomendaba un número determinado de nativos, para que les sirvieran en su casa, sus tierras y granjas o sus minas.

El encomendero se convertía así en señor total de aquellos naturales pobladores, quienes en todo pasaban a su dependencia. La encomienda que recibió Rentería en la población de Xagua, en la isla de Cuba, fue en régimen de proindiviso junto con un joven capellán llamado Bartolomé de las CASAS, nacido en Sevilla, seis años mayor que nuestro protagonista.

El complemento a la encomienda era el repartimiento o donación de una notable propiedad de tierra agrícola, acompañada de una manzana o cuadra en el núcleo urbano, generalmente de 100 metros de lado.

Precisamente se da la casualidad de que el noble francés, residente en Sevilla, Francisco Casaus, padre del clérigo Bartolomé de las Casas, viajó a Indias junto con Pedro de Rentería en el segundo viaje de Colón, mientras que Bartolomé no lo hiciera hasta más tarde, en el viaje de Ovando, una vez concluida su formación en la Universidad de Salamanca y tras su ordenación sacerdotal.

Fray Bartolomé de las Casas | Montanchez.org
Fray Bartolomé de las Casas | Montanchez.org

De las Casas compaginó su doble función de sacerdote y de encomendero y hacendado. Es el caso que teniendo que preparar una homilía para la Pascua se afirmaron sus escrúpulos de conciencia con respecto a servirse de los indígenas, y así lo hizo público en el sermón.

Desde luego que en ese reparo tuvo mucho que ver su formación en la filosofía de santo Tomás, y, sobre todo, resultó de muchísima influencia el criterio de Pedro de Rentería que también era decididamente contrario a esta práctica encomendera.

La influencia entre Rentería y De las Casas es mutua y evidente. Hay que recordar que por esos días el montanchego se encontraba en Jamaica y allí adoptó la misma decisión que su socio el sacerdote; liberar a los indígenas y ponerlos bajo la protección del gobernador.

También se sabe que Rentería había viajado a Jamaica, donde se encontraba su hermano, a hacerse con una marrana, maíz y provisiones para su hacienda, con lo que cabe suponer que los Rentería montanchegos eran al menos dos.

Cuando finalmente se encontraron ambos buenos amigos De las Casas y De Rentería, decidieron que Bartolomé marcharía a la corte para luchar contra esta práctica antiindigenista, contando De las Casas con todo el apoyo económico, material y de ánimo por parte de Rentería.

De las Casas fue designado por el Cardenal Ximénez de Cisneros -que era Regente de Castilla-, Procurador Universal y Protector de los Indios, lo que dio lugar a un cambio radical en la actividad del clérigo; idas y vueltas de España a las Indias, viajes a la corte y al imperio; y así un largo periplo.

Cisneros convocó una junta de teólogos que habría de aclarar si los indios tenían o no alma, y, consecuentemente, si podían o no ser sometidos a servidumbre.

Pedro de Rentería y la orden de los dominicos, en la que finalmente profesaría Bartolomé, fueron los principales y casi exclusivos apoyos de las tesis humanistas de De las Casas.

Tras larga lucha, en 1542 Carlos V promulgó las Nuevas Leyes de Indias, que a diferencia de las primeras promulgadas por sus abuelos, los Reyes Católicos, reconocía a los indígenas, sin lugar a dudas, como súbditos libres y vasallos de la Corona.

Bartolomé fue nombrado obispo de Cuzco (Perú), pero rehusó, y finalmente aceptó la sede episcopal de Chiapas (Méjico).

Allí estuvo algún tiempo, pero decidió volver a la corte para intentar recabar de Felipe II el necesario apoyo para que las recientes leyes se cumplieran verdaderamente, pues su real y total aplicación nunca fue efectiva.

Paraíso tropical | Montanchez.org
Paraíso tropical | Montanchez.org

Con muchas leyes, en ese momento, era común decir: Se acata, pero no se cumple. Era uno de los efectos que tenía la gran distancia entre la corte y las colonias.

Otras informaciones no están suficientemente contrastadas, como las que nos dan noticias de que Rentería volvió a la metrópoli para recabar fondos y licencia para formar en América centros de enseñanza, así como que tomó el mismo hábito dominicano.

Sí parece cierto que de todo este proceso, Fray Bartolomé de las Casas fue el indiscutible protagonista, pero sin la inspiración y el total apoyo de Pedro de Rentería, los resultados hubieran sido otros.

Pedro de Rentería y Bartolomé de las Casas resultan, por todo esto que defiendo y mucho más que aún está libre de investigación y estudio, ser un referente en la defensa de los derechos humanos y de los intereses de los indígenas.

En portada: Mapa de Centro-América | Montanchez.org
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